Yoga y el arte de darnos tiempo

Yoga y el arte de darnos tiempo

Vivimos corriendo. Corremos para llegar, para cumplir, para responder, para hacer todo aquello que creemos que “tenemos que hacer”. Muchas veces terminamos el día agotados y, sin embargo, sentimos que todavía nos quedó algo pendiente. En medio de tantas obligaciones, hay algo que solemos postergar: darnos tiempo. 

El Yoga nos invita justamente a detenernos. No necesariamente a abandonar nuestras responsabilidades, sino a aprender a habitarlas de otra manera. Darnos tiempo no significa perderlo; significa recuperar nuestra presencia. 

Cuando comenzamos una práctica, durante unos minutos el mundo exterior puede esperar. Dejamos de pensar en lo que sucedió ayer o en lo que tendremos que resolver mañana. El cuerpo se convierte en nuestro punto de encuentro con el presente. Sentimos una inhalación, una exhalación, un movimiento, un estiramiento. Y poco a poco comenzamos a estar realmente allí. 

En Yoga, el tiempo adquiere otra dimensión. No se trata de cuánto hacemos, sino de cómo estamos mientras lo hacemos. Una postura sencilla, realizada con atención, puede convertirse en una experiencia profunda. Permanecer unos instantes observando la respiración puede enseñarnos más sobre nosotros mismos que muchas horas de actividad automática. 

Darnos tiempo también significa aprender a respetar nuestros propios ritmos. El cuerpo cambia, nuestras necesidades cambian y nuestra energía no es siempre la misma. Hay días para avanzar y días para descansar. Hay momentos en los que necesitamos movimiento y otros en los que necesitamos quietud. Escucharnos es una forma de cuidado. 

La práctica de Yoga nos recuerda que no tenemos que estar permanentemente produciendo para sentir que nuestro día tuvo valor. También es valioso simplemente estar. 

Quizás uno de los aprendizajes más hermosos del Yoga sea comprender que el bienestar no siempre requiere grandes transformaciones. A veces comienza con algo tan sencillo como regalarse unos minutos. Respirar profundamente antes de comenzar el día. Caminar conscientemente. Sentarse en silencio. Practicar algunas asanas. Cerrar los ojos y escuchar lo que sucede dentro. 

Cuando nos damos tiempo, empezamos a reconocernos nuevamente. 

Y quizás descubrimos que aquello que buscábamos afuera — calma, equilibrio, claridad— necesitaba primero un espacio para poder aparecer. 

Por eso, la próxima vez que sientas que no tenés tiempo para vos, quizás puedas cambiar la pregunta. 

En lugar de pensar: “¿De dónde voy a sacar tiempo?”, preguntate: 

“¿Puedo regalarme unos minutos para volver a mí?” 

Tal vez cinco minutos sean suficientes para comenzar. 

Porque darnos tiempo no es un lujo ni un premio que recibimos después de haber cumplido con todo. 

Darnos tiempo también es una manera de decirnos: “yo también soy importante”. 

Y quizás ahí, en ese pequeño espacio que nos regalamos, comience nuevamente el encuentro con nosotros mismos.

Namasté

Sandra Tess
+5491161596790