¿Qué primavera le espera a la Argentina

¿Qué primavera le espera a la Argentina

El Pacífico se calienta, los modelos anticipan un episodio de fuerte intensidad y la primavera argentina aparece bajo observación. El fenómeno puede traer más lluvias y una recuperación de los perfiles de humedad, pero también tormentas severas, anegamientos e inundaciones. En un clima cada vez más extremo, el desafío será saber dónde termina la oportunidad y comienza el riesgo. 

La primavera todavía no llegó, pero en los centros de pronóstico climático ya se está jugando una parte importante de lo que podría ocurrir durante los próximos meses en la Argentina. 

La razón está lejos de nuestras fronteras: en el océano Pacífico ecuatorial. Allí, el aumento de las temperaturas superficiales del mar está dando forma a un nuevo episodio de El Niño, uno de los fenómenos naturales que más influencia puede ejercer sobre el comportamiento del clima argentino. 

Y esta vez los pronósticos empiezan a encender una luz amarilla. 

La última actualización de los modelos internacionales elevó las probabilidades de que el fenómeno alcance una intensidad fuerte a muy fuerte durante la primavera y el verano. Los especialistas, sin embargo, piden algo fundamental: no confundir un pronóstico climático con una predicción exacta del tiempo. El Niño aumenta determinadas probabilidades; no significa que vaya a llover todos los días ni que todas las regiones del país reciban la misma cantidad de agua. (Todo Noticias) 

El agua que llega desde el Pacífico 

El Niño-Oscilación del Sur, conocido como ENOS, se produce cuando las aguas del Pacífico ecuatorial presentan un calentamiento persistente acompañado por cambios en la circulación atmosférica. 

¿Y por qué debería importarnos lo que ocurre en un océano ubicado a miles de kilómetros? 

Porque esa alteración puede modificar las rutas de las masas de aire y, con ellas, la distribución de las precipitaciones. 

En Argentina, la señal de El Niño suele hacerse particularmente visible durante la primavera y el verano, con una tendencia a favorecer lluvias superiores a las normales en buena parte del centro y este del territorio. 

El antecedente reciente es claro. Durante el episodio de 2023, por ejemplo, las lluvias asociadas al fenómeno produjeron importantes acumulados en el norte de Buenos Aires, sur de Santa Fe y Córdoba. En algunas localidades agrícolas se superaron los 100 milímetros en pocos días. 

Pero hay una diferencia importante: no es solamente cuánto llueve, sino cómo llueve. 

Una lluvia de 100 milímetros distribuida durante varios días puede ser una excelente noticia para un campo que necesita agua. La misma cantidad concentrada en pocas horas puede generar inundaciones, erosión, caminos intransitables y pérdidas productivas. 

Una oportunidad para el campo 

Para el sector agropecuario, El Niño puede representar una oportunidad. 

Después de campañas marcadas por la falta de agua, una primavera con mejores precipitaciones permitiría recuperar humedad en los perfiles del suelo y mejorar las condiciones para los cultivos de verano. 

Soja, maíz, girasol y otros cultivos dependen en buena medida de esa reserva hídrica. También las pasturas y la ganadería pueden beneficiarse de una mayor disponibilidad de agua. 

Pero el exceso tampoco es gratis. 

Cuando los suelos llegan al límite de su capacidad de absorción, cada tormenta intensa comienza a transformarse en un problema. El agua deja de infiltrarse y empieza a desplazarse por superficie. Allí aparecen los anegamientos, las inundaciones y los problemas de infraestructura. 

Para el productor, entonces, El Niño puede ser al mismo tiempo una oportunidad y una amenaza. 

Buenos Aires y la región pampeana, en el centro de la escena 

La región pampeana aparece especialmente expuesta. 

Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y sectores del Litoral deberán seguir de cerca la evolución de las precipitaciones. No solamente por el impacto sobre la producción agrícola, sino también por la situación de los caminos rurales, los sistemas de drenaje, las ciudades ubicadas junto a cursos de agua y las zonas bajas. 

En el norte bonaerense, donde las lluvias intensas ya han provocado episodios de anegamiento en distintas oportunidades, la combinación entre suelos saturados y tormentas fuertes puede convertirse rápidamente en un problema. 

Y hay otra variable: los ríos. 

Durante el último gran episodio de El Niño, el río Uruguay registró crecidas excepcionales. En 2023, noviembre fue el mes con mayor caudal desde que existen registros para ese mes, mientras que septiembre y octubre también alcanzaron registros extraordinarios en determinados puntos de la cuenca. (Todo Noticias) 

Por eso, hablar de El Niño no es solamente hablar de paraguas. 

También es hablar de ríos, ciudades, rutas, campos, cosechas y planificación. 

El cambio climático cambia las reglas 

Hay una discusión todavía más profunda detrás del fenómeno. 

El Niño es natural. El cambio climático, también. Pero ambos fenómenos pueden interactuar sobre un planeta que registra temperaturas cada vez más elevadas. 

Los especialistas vienen observando que el calentamiento global está modificando la forma en que se manifiestan algunos eventos climáticos. La experiencia argentina de los últimos años dejó una señal difícil de ignorar: períodos de sequía extrema seguidos por lluvias intensas, olas de calor excepcionales y una creciente alternancia entre déficit y exceso de agua. 

Por eso, la pregunta ya no debería ser solamente “¿cuánto va a llover?” 

La pregunta es: ¿estamos preparados para cuando llueva de manera diferente? 

Primavera bajo vigilancia 

Los pronósticos de largo plazo tienen incertidumbre. A medida que se acerque septiembre, los modelos podrán precisar mejor dónde estarán las zonas con mayor probabilidad de precipitaciones y cuáles serán los períodos de mayor inestabilidad. 

Pero hay algo que ya puede afirmarse: la primavera 2026 merece ser seguida de cerca. 

Si El Niño se fortalece, Argentina podría recibir el agua que muchas zonas productivas necesitan. Pero si esa agua llega concentrada en pocas horas, sobre suelos saturados y acompañada de tormentas severas, el beneficio puede convertirse rápidamente en emergencia. 

La experiencia indica que el problema no está necesariamente en que llueva mucho. 

Está en no estar preparados para cuando llueva demasiado, demasiado rápido y en el lugar equivocado. 

El Niño no es una sentencia meteorológica. Es una señal. 

Y la primavera todavía está a tiempo de convertirse en una oportunidad, siempre que el país llegue preparado para enfrentar también su otra cara. 

El fenómeno de El Niño 

revista 4Estaciones