Hablemos de ansiedad

Hablemos de ansiedad

Mucho se habla sobre la ansiedad. Desde la perspectiva del apoyo psicoterapéutico, brindando técnicas y modos de abordarla para lograr eliminarla o controlarla. Pero, ¿qué es realmente la ansiedad? 

La ansiedad no es, en esencia, algo “malo” que haya que eliminar. Es una respuesta natural del organismo. Una forma que tiene tu cuerpo de prepararte para algo que percibe como importante, incierto o potencialmente amenazante. La ansiedad es la energía puesta en la anticipación. El anticiparse a posibles escenarios para sentir que hay un control sobre ellos y sobre los posibles resultados. La ansiedad aparece, en algunos casos, cuando no aprendimos a tolerar la incertidumbre. Ese vacío que queda entre lo que pensamos y la acción, se llena con ansiedad. 

Desde la psicoterapia Gestáltica tomamos a la ansiedad como una manifestación del sistema nervioso, que puede tener diferentes niveles. No es posible no sentir ansiedad, ya que está en relación con las situaciones de la vida y con el cuerpo, incluso desde los distintos procesos químicos que se producen el cerebro. El ser humano siempre va a sentir un quantum de ansiedad, lo importante es observarla y ver cómo la tolera cada persona. 

La ansiedad no es solo mental, también se siente en el cuerpo. Cuando la ansiedad aumenta y excede lo tolerable para una persona, puede manifestarse a través de síntomas físicos como: ritmo cardíaco alterado, sudoración, temblores en el cuerpo, falta de aire, ahogo, mareos, entre otros (sin ninguna causa orgánica que lo justifique). Esto puede suceder como parte de un ataque de pánico asociado a un miedo intenso, que en pocos minutos alcanza un nivel muy alto de ansiedad. Suele empezar de repente, sin ninguna razón aparente. Se da una sensación de pérdida de control del cuerpo. 

La ansiedad en sí misma, no es peligrosa. Es una respuesta natural del organismo. Sin embargo, hay momentos en los que deja de ser una señal pasajera y empieza a afectar nuestra calidad de vida.

Algunas señales a las que podemos prestar atención:

– Cuando la ansiedad se vuelve algo frecuente y constante, sin dar tregua.

– Cuando interfiere con la vida cotidiana: trabajo, vínculos, descanso.

– Cuando aparecen síntomas físicos intensos como los descriptos anteriormente, habiendo descartado la posibilidad de una causa orgánica.

– Cuando evitamos situaciones por miedo a sentir ansiedad.

En estos casos consultar con un profesional de la salud puede ofrecer un espacio para entender qué está pasando, ponerlo en palabras y encontrar nuevas herramientas para atravesarlo.

No se trata de poder solo/a. Pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino de cuidado.

Lic. Laura Gálvez – MN 22210
Psicóloga y terapeuta gestáltica
@psilaugalvez
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