La escuela se vacía

La escuela se vacía

Más de la mitad de los estudiantes ya falta y nadie se hace cargo

En Argentina, el ausentismo dejó de ser un problema escolar para convertirse en un síntoma social y político. El dato es contundente: más de la mitad de los estudiantes del último año del secundario falta al menos 15 días por año. Y en la Provincia de Buenos Aires – donde se concentra la mayor matrícula del país – la situación es aún más crítica. 

No se trata de casos aislados. En apenas dos años, el ausentismo pasó del 44% al 51%. Cuando un fenómeno crece de esta manera, deja de ser una excepción: se vuelve estructural. 

Durante mucho tiempo, la explicación fue cómoda: los estudiantes “no quieren ir”. Pero los datos muestran otra cosa. Las inasistencias están atravesadas por problemas de salud, dificultades de acceso, trabajo en edades escolares, responsabilidades familiares y una creciente pérdida de sentido de la escuela. 

En el sector estatal, estas condiciones se profundizan. Por eso, el ausentismo no es un problema de disciplina. Es un problema de desigualdad. 

Además, ya no hablamos de abandono como ruptura abrupta. Hoy el abandono es progresivo: estudiantes que faltan, se desconectan y terminan quedando afuera. Un “abandono en cuotas” que muchas veces el sistema detecta demasiado tarde. 

Sin embargo, mientras el problema crece, el debate público se empobrece. Abundan opinadores que simplifican el fenómeno y, en muchos casos, responsabilizan directamente a los docentes. Es una salida fácil: correr el foco de las condiciones estructurales y ponerlo en el aula. 

Pero cuando más de la mitad de los estudiantes falta de manera reiterada, no estamos frente a fallas individuales. Estamos frente a un problema sistémico. 

En este contexto, la Provincia de Buenos Aires sostiene el sistema educativo más grande del país en condiciones cada vez más complejas, mientras a nivel nacional la política educativa aparece desdibujada. El resultado es evidente: escuelas solas frente a problemas que las exceden. 

Entonces la pregunta es otra: ¿qué lugar ocupa hoy la escuela en la vida de los jóvenes? 

Cuando asistir deja de ser una prioridad, lo que está en juego no es solo la presencia. Es la centralidad misma de la escuela como institución social. 

El ausentismo no es un dato más. Es una advertencia. 

Porque cuando la escuela se vacía, no es solo la educación lo que se pierde. 

Es el futuro.

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Lic. Fernando Bonforti
Consultor en gestión educativa y estrategia pedagógica
Especialista en organización y planificación institucional
Director de FB Educación & Gestión
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