Eugenia, nieta menor de Sarmiento

Eugenia, nieta menor de Sarmiento

Hace 2 meses tuve la suerte de visitar el museo histórico Domingo F. Sarmiento en el barrio de Belgrano. Siempre fui una gran admiradora de su obra educativa. Además de disfrutar distintos momentos del siglo XIX pude apreciar su gran biblioteca donada por sus nietos. Lo que más llamó mi atención fue el poder admirar de cerca el gran cuadro que nos recibe apenas se entra. Sabía que lo había pintado su nieta Eugenia Belín Sarmiento, la más pequeña de seis hermanos. Ellos eran hijos de su única hija biológica Ana Faustina y el impresor francés Jules Belín. 

Ana nació en Chile durante el primer exilio del prócer y fue fruto del amor que tuvo con la joven chilena María Jesús del Canto. María, pertenecía a una familia muy acaudalada que rechazó de plano la relación. Al enterarse que estaba embarazada los padres decidieron dar al bebé en adopción. Domingo se opuso al enterarse y decidió que él se haría cargo de su bebé. 

Sólo tenía 22 años pero sabía que podría contar con el apoyo de su madre y sus hermanas. La pequeña vivió rodeada del amor y los mimos de 5 mujeres. Domingo como militar y político poco estaba en la casa familiar. Ana se convirtió en una gran maestra y profesora y se destacó en los colegios donde trabajó. 

Al enviudar decidió acompañar y cuidar a su padre que tenía problemas de salud y al que habían aconsejado ir al Paraguay por el clima. 

Fue con sus hijos menores. Eugenia durante ese periodo se dedicó a pintar al abuelo. 

Había nacido a fines de 1860 y su tía abuela Procesa, destacada pintora fue su guía y profesora. La joven comienza a destacarse como retratista y varias de sus obras participaron en distintas muestras nacionales e internacionales. 

En 1906 su hermano Augusto fue designado cónsul en Bélgica y le pidió que lo acompañara. Decide perfeccionarse con algunos pintores y escultores. 

Empieza a desarrollarse en los campos de la naturaleza muerta, las “pinturas de flores” y el desnudo. Al regresar aplicó todo lo aprendido sin dejar los retratos. En 1938, realizó una escultura en honor a su abuelo, al que admiraba porque siempre había estado en favor del desarrollo intelectual de la mujer. Fue muy reconocida por la calidad de sus cuadros y muchos se encuentran en los museos. Falleció en Buenos Aires el 2 de agosto de 1952. 

Martha Gallino