La Pascua es una celebración que reúne tradición, familia y sabores que evocan encuentro y renovación. En la mesa argentina, las comidas de Pascua combinan recetas heredadas de la cocina europea con productos locales, donde el pescado, las preparaciones a base de vegetales y los dulces típicos ocupan un lugar central. Elegir el vino adecuado para acompañar estos platos realza la experiencia y transforma cada comida en un verdadero ritual sensorial.
Uno de los clásicos de la mesa pascual es la empanada de vigilia, generalmente rellena de atún, merluza o verduras. Para acompañarlas, un Sauvignon Blanc argentino —especialmente de la Patagonia o del Valle de Uco— es una excelente elección. Su frescura, acidez equilibrada y notas cítricas armonizan con la textura del pescado y limpian el paladar entre bocado y bocado. También un Torrontés salteño, con su perfil aromático floral y frutal, aporta vivacidad y un toque distintivo.
El pescado al horno, ya sea merluza, salmón blanco o trucha patagónica, suele prepararse con papas, hierbas y un suave toque de limón. Aquí, un Chardonnay argentino ofrece gran versatilidad. Si es joven y sin paso por madera, resaltará la frescura del plato; si tiene crianza en barrica, aportará mayor estructura y complejidad, ideal para pescados más grasos o preparaciones con salsas cremosas.
Otra preparación tradicional es la tarta de espinaca o acelga con ricota. Para este tipo de plato, donde predominan los sabores suaves y vegetales, un Rosado de Malbec resulta perfecto. Sus notas frutadas, su frescura y su cuerpo ligero equilibran la cremosidad del relleno sin opacarlo. También un Pinot Noir patagónico, servido ligeramente fresco, puede acompañar delicadamente este tipo de recetas.
En muchas mesas argentinas también aparece el bacalao, especialmente en recetas de origen español o italiano. Por su intensidad y su carácter salino, requiere vinos con buena acidez y estructura. Un Semillón del Valle de Uco o un Chenin Blanc de Mendoza pueden aportar equilibrio y complejidad, resaltando las notas del plato sin competir con ellas.
La Pascua no estaría completa sin los dulces típicos: la rosca de Pascua, los huevos de chocolate y otras preparaciones artesanales. Para la rosca, un vino cosecha tardía o un espumante demi-sec argentino son excelentes opciones. Sus notas frutadas y su dulzor equilibrado armonizan con la masa esponjosa y la crema pastelera.
En el caso del chocolate, especialmente si es semiamargo, un Malbec con notas de frutos negros y cacao puede ser un gran compañero. Si el chocolate es más dulce o con rellenos, un vino dulce natural o un blend de uvas tintas con paso por barrica potenciará la experiencia.
La clave del maridaje en Pascua está en el equilibrio: respetar la frescura de los platos tradicionales y elegir vinos que acompañen sin imponerse. Argentina, con su diversidad de regiones y estilos, ofrece opciones para cada preparación. Así, cada brindis se convierte en una celebración no solo de la fe o la tradición, sino también del encuentro y el placer compartido alrededor de la mesa.

