Un equipo grabado en la historia

Un equipo grabado en la historia

Argentina jugó una nueva final de Mundial y cerró un ciclo inolvidable, el más exitoso para una Selección albiceleste. 

¿Por dónde empezar? La mezcla de sensaciones es total: el orgullo se confunde con la bronca, la tristeza convive con la satisfacción… Tan cerca de quedarse nuevamente con la gloria, tan lejos de alcanzarla tras el golpe de realidad. 

Argentina es subcampeón del mundo y eso es para celebrar. Cayó como deben caer los campeones: en la final, dejando todo y vendiendo cara la derrota. Sin embargo, la amargura es inevitable debido a que a nadie le gusta perder un partido decisivo y más cuando ya faltaba tan poco. 

Cuando pase el tiempo y se haga un análisis del Mundial 2026, habrá que mirar el vaso medio lleno: fue un mes inolvidable en el que las emociones transitan por una montaña rusa. Una primera ronda sin sobresaltos le dio paso a una sucesión de milagros a la que le faltó la frutilla del postre.

 

Desde aquel 16 de junio (tan lejano), Lionel Messi demostró que no había ido a su último Mundial de paseo. Tres goles a Argelia le demostraron al planeta que el mejor estaba vigente. Por si hacía falta, lo refrendó con otros dos goles a Austria. El partido versus Jordania sirvió para darles descanso a varios titulares mientras se miraba de reojo lo que ocurría con los posibles cruces. 

Eso sí: el nivel de Messi no era el mismo que el de sus compañeros. Si la idea era dosificar los minutos de Lionel a lo largo del torneo teniendo en cuenta sus 39 años, esto nunca fue posible y es algo que no habla bien del resto del plantel, sino todo lo contrario. 

Fueron escasos los momentos en los que Argentina pudo ser superior y dominar a sus rivales con tranquilidad. Por eso no tardaron en aparecer las comparaciones con Italia ’90, aquel campeón ya en declive que -como pudo-fue sorteando obstáculos hasta llegar a la final. 

El partido frente al sorpresivo Cabo Verde fue la confirmación de que ningún rival iba a ser sencillo para esta Selección a la que todo le costó por demás. El destino quitó al peligroso Uruguay del medio, pero el equipo africano logró llevar el partido al alargue, generando un desgaste que a futuro se iba a pagar. 

Ni hablar del encuentro frente a Egipto… ¡Lo que se tuvo que sufrir ese martes! Con el 0-2 prácticamente nadie creía en la remontada, salvo los propios jugadores. Apareció ese fuego sagrado que tienen los campeones y una ráfaga la desazón se convirtió en felicidad con el 3-2 final. Épico e inolvidable. 

La siguiente parada marcó Suiza, cuando se creía que podría ser Colombia. Otro alargue en el peor partido del equipo en lo que iba del Mundial. El 3-1 final no refleja lo duro que fue ese compromiso. Pero, a los tumbos, el equipo seguía avanzando y se venía un partido soñado… 

A 40 años de la Mano de Dios y el Gol de Siglo, Argentina e Inglaterra se vieron las caras y dejaron un partido para recuerdo. A diferencia de los encuentros anteriores, Argentina llenó el segundo tiempo de fútbol, tuvo fluidez, precisión y coraje, pero no quería entrar… Recién al final, para aportarle más épica al asunto, los goles de Enzo Fernández y Lautaro Martínez desataron la locura. Otra vez una final, con el condimento de haber dejado afuera a los ingleses. 

La sensación es que en ese partido se agotó el combustible del tanque. Ya no quedó más para dar, ni física ni mentalmente. El camino previo a la final fue tan estresante que para el cotejo decisivo ya no hubo piernas ni cabeza. 

¿Pudo Argentina asumir otra actitud en algún pasaje del juego? Debió intentar, al menos. Pareció ser que el único plan fue aguantar 120 minutos hasta la llegada de los penales. Pero eso suele ser imposible… Así llegó el gol de España como un puñal, cuando faltaban apenas 10 minutos. 

El par de arremetidas al final, esos sustos que Argentina le dio al rival en la desesperación por empatar, obligar a preguntar qué hubiese pasado si se salía con otra actitud, al menos durante algún pasaje del partido. 

Lo cierto es que, cuando pase el dolor, se reconocerá que se ha cerrado un ciclo brillante, el mejor de la historia de la Selección Argentina: un Mundial y dos Copas América, más un subcampeonato del mundo. Nunca antes un equipo nacional había conseguido semejante palmarés. 

Una nueva ilusión se pondrá en marcha, muchos ya no estarán -con Messi nunca se sabe…-, llegarán caras nuevas. Lo cierto es que este equipo ya está grabado en la historia grande ¡Vamos, Argentina! 

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Lic. Alejandro Lafourcade
revista 4Estaciones