Un mes y medio en la silla eléctrica

Un mes y medio en la silla eléctrica
Franco Colapinto tiene apenas cinco carreras para demostrar que puede ser un piloto estable de Fórmula 1. 
Todo un país está detrás de su gran sueño. 

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Todo es efímero en esta época, incluso algunas cosas son más que efímeras. A la hora de redactar este texto, Franco Colapinto acababa de disputar su primer Gran Premio oficial como parte del equipo Alpine. Cuando llegue a los lectores ya habrán pasado entre tres y cuatro carreras de las cinco competiciones que se le han otorgado. 
Sí, cinco. Sólo cinco Grandes Premios en los que el piloto de Pilar deberá tener valentía pero también mesura, tendrá que tomar riesgos pero también saber cuándo levantar el pie… 
La espera terminó: Colapinto vuelve a ser parte de la máxima categoría luego de las nueve carreras que tuvo en 2024 a bordo de un Williams. Otra vez, como si el destino le tuviera designado sólo momentos como este, contará con un puñado de fines de semana (esta vez incluso menos) para demostrar si en efecto es o no un piloto para Fórmula 1. 
Mientras tanto, los argentinos vuelven a copar las redes y a futbolizar al automovilismo, algo que ya comenzó desde su incursión en Williams y continuó -a veces con métodos no del todo amables- cuando Franco era piloto de reserva de Jack Doohan, quien debió convivir todo el tiempo con la certeza de que el argentino estaba en las gateras e incluso es el preferido de Flavio Briatore, uno de los pesos pesados de la escudería. 
Con respeto a Briatore, es un viejo lobo con décadas en la F1, a quien se le atribuye haber impulsado en la máxima a “nenes” como Michael Schumacher y Fernando Alonso. 
Algo sabe, ¿no? Si posó sus ojos en Colapinto y no paró hasta sentarlo en una butaca, es porque vio en él esa pasta que sólo tienen los buenos de verdad.
Cinco destinos: San Marino, Mónaco, Barcelona, Canadá y Austria. Es difícil mostrar todo lo que uno sabe o es capaz de dar en tan poco tiempo (aseguran que se necesitan no menos de diez carreras para conocer al auto), pero hay que confiar. 
El primero de los fines de semana fue agridulce. En la primera tanda de clasificación, el pilarense estrelló el auto cuando ya tenía asegurado su pase a Q2 ¿Un riesgo innecesario? Quizás, pero en sus venas corre esa sangre que tienen los que siempre van por más y eso muchas veces conlleva consecuencias. 
Por eso, no sorprendió que una vez en carrera se haya mantenido en el mismo puesto (16°), casi sin arriesgar y priorizando devolver el auto intacto. “El objetivo era terminar -confirmó después-. Era complicado sumar desde donde largamos. Adoptamos una estrategia distinta, la cambiamos a mitad de la carrera cuando vimos que la goma media me aguantaba más, pero entró el auto de seguridad y me complicó la carrera”. 
Y agregó: “Seguramente en la próxima carrera voy a estar un poquito más arriba. Me da confianza Mónaco, pero hay que tomárselo con calma e ir de a poco”. 
A diferencia de otros novatos que fueron sus compañeros en la Fórmula 2 (como Kimi Antonelli, Isack Hadjar y Gabriel Bortoleto), Franco fue sentado en el Alpine casi sin preparación previa, algo que ya vivió. 
Habrá que ver estas cinco carreras para ver si el joven de apenas 21 años aprendió como se hace un curso acelerado de piloto de Fórmula 1. 
Entre el 18 de mayo y el 29 de junio estará la verdad. Un mes y medio en el que Colapinto estará sentado en el auto de Alpine, pero también en esa silla eléctrica en la que se puede convertir un monoplaza de F1. Ojalá para ese entonces, en base a buenos resultados, ya esté confirmada su presencia para el segundo semestre. 

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Lic. Alejandro Lafourcade
revista 4Estaciones