Conclusión final

Conclusión final

Agradecimiento es la primera palabra que me resuena, agradecida a mí misma de haberme permitido transitar el instructorado, de haber podido estar abierta y dispuesta a recibir, a cambiar, y a ver las cosas desde una perspectiva diferente. Agradecida de las personas que formaron parte de esta experiencia. Mis compañeras que, con cada charla, compartiendo sus vivencias y búsquedas personales, me han enseñado más de lo que se imaginan. Aprendí con ellas sobre empatía, respeto, escucha, ser amable, compañerismo, unión. Tan distintas pero iguales, compartiendo la búsqueda. 

Agradecida con mi maestro que siempre con la palabra justa o el gesto justo, me fue guiando para que salga lo bueno que habita en mí. 

Enseñanzas miles. Me llevo haber vivido la autobservación y la aceptación. 

Primero esto surgió con las asanas, con la propuesta de los análisis posturales, y las experiencias personales con cada postura, además de las clases. Fue llevar conciencia a mi cuerpo, y empezar a observarme, a darme cuenta de lo que podía hacer y lo que no. Claro que se me cruzó por la cabeza esto de “uy antes podía hacer esto y más” recordando cuando hacía danza y tenía otro alcance. Pero este ejercicio de observar, reconocer y aceptar, fue clave para no frustrarme, y no dejar de hacer lo que estaba haciendo. 

Entendí lo importante que es ser amable con uno mismo. Que aceptar la realidad es soltar. Que el pasado es pasado, no hay nada que hacer con eso, salvo tenerlo en cuenta para futuras experiencias. Que se necesita de constancia y voluntad si se quieren ver cambios y/o progresos. 

Todo esto después lo fui llevando más adentro, más profundo. Me di cuenta que era vital poner la atención y el foco en mí. En ser más observadora de la realidad en la que vivo, y no solo mi entorno, sino cómo vivo, desde donde vivo, que hago o que no hago, que digo, que escucho, como me relaciono, cuáles son mis decisiones y motivaciones. 

Digamos que la autobservación me abrió camino para trabajar en mí, en mi propósito. De esto salieron muchos fantasmas, oscuridades, cosas con las que tuve que lidiar o convivir. Pero esto ya visto desde la aceptación, de entenderme y aceptarme como soy, con mi historia y mi realidad, me generó tranquilidad, soltura, me dejé de pelear conmigo por no estar viviendo como pensaba que tenía que estar viviendo y, por el contrario, entendí el camino que tuve que recorrer para llegar a estar así hoy. 

Se fue abriendo espacio, en mi cuerpo y en mi mente. Fue ahí cuando aprendí a respirar. No me voy a olvidar ese momento en que me di cuenta que, antes de empezar Yoga, yo no respiraba. 

Eso me hizo ruido, me revolucionó, entendí que tenía que empezar a cambiar hábitos, que tenía que seguir revisándome, y cada vez ir más profundo, que había mucho por hacer. También fue un voto de confianza, un salto de fe, que me animó y me mostró que era por ahí, y que seguir en esa línea dependía de mi voluntad y esfuerzo. 

Este proceso en el que incorporé cosas nuevas, me llevó a derribar estructuras, mandatos, creencias, hábitos y pensamientos adquiridos. Trabajar en el desapego. Fue revisar, revisar todo el tiempo. Aún sigo, y seguiré revisándome. Pero ahora puedo ver con lo que me quedo y lo que dejo ir. Siempre con el foco puesto en mejorar, en ser mejor humano, y en encontrar mi propósito personal, o a donde orientar mí servicio. 

Se trataron a lo largo del instructorado muchos temas interesantes, los Sutras de Patajali, que para mí son como una guía para vivir desde el bien, contribuyeron mucho en esa revisión, autobservación, porque en cada enseñanza había un mensaje. Desde el cuidado del propio cuerpo, físico, mental, espiritual, emocional y hasta la relación con el medio que nos rodea. Todas cuestiones que son tan sutiles y a veces damos por sentado que las hacemos “bien” que, si uno no está presente y las revisa, pasan de largo. 

Entonces, empecé a entender mi cuerpo, a entender mi respiración. Y llegó uno de mis grandes desafíos personales, silenciar la mente. Ahí un poco retrocedí, me estanqué. Me costó encontrarle la vuelta, surgieron muchas excusas de porque no me salía, o de porque no tenía tiempo. 

Pero ahí fundamental el profe, explicando que tiempo siempre hay, es uno el que lo administra, y que ese manejo también nos dice algo. Que la falta de voluntad, de ponerse a hacer lo que hay que hacer, a veces es una cuestión de interés. Que lo incomodo es lo beneficioso. Esto se habló bastante en el retiro (que para mí fue otro nuevo comienzo) y fueron todos momentos, libros, o palabras que escuché, consejos de personas generosas, que me orientaron para que hoy haya logrado adoptar el hábito de tomarme unos minutos a la mañana solo para mí.

 Con esto no digo que cada vez que me siento a meditar lo logro, hay veces que puedo conectarme y a veces no, pero lo sigo intentando, y si vienen pensamientos o ideas los dejo ser, hasta que se van. Un poco lo comparo con lo que me paso con las asanas al principio, pero eso fue menos dificultoso, fue más fácil aceptar lo que mi cuerpo podía o no hacer, que aceptar lo que mi mente no podía hacer. Ahí me ayudó mucho el BG. Que si bien al principio lo leía desde mi lado lógico o racional, terminó sacando mi corazón por completo. Obvio con ayuda del que sabe, de ahí que resalto los gestos o palabras de mi guía en este camino. 

Entender que Arjuna y Krishna podemos ser todos, que todos podemos tener esa lucha interna a flor de piel en situaciones cotidianas de la vida. Y que lo importante es estar despiertos para vernos, para ver desde donde actuamos, que guna nos gobierna, marcando un poco el camino de hacia donde tenemos que ir. Y que no es algo inalcanzable. Paso a paso.   

No solo de este camino recorrido me llevo beneficios tangibles en mi cuerpo y en mi mente, que se replican en bienestar personal en todos los aspectos, porque ahora elijo y decido con conciencia, me puedo parar distinta ante las diferentes situaciones que me tocan, entonces, que tengo más herramientas para vivir mejor mi vida; sino que me llevo haberme acercado a mí misma.

Cuando empecé, estaba un poco perdida en la vida, incomoda, sin saber bien para donde arrancar, sin saber bien que buscaba. Sin expectativas, pero con un dejo de dolor por no entender que me estaba pasando, si siempre actué como se suponía debía actuar. Pero hoy veo que el problema es que estaba desconectada, en automático. Entonces apareció esta formación. Y sin dudas acepté los términos y condiciones y me entregué. Y sé que esto sigue, y que tengo que seguir así. 

Lo asocio con la fe. Un salto de confianza a algo que no conocía pero que sabía que me iba a hacer bien, y que sigo eligiendo porque se en mi corazón que es el camino. 

Todas estas palabras que fui resaltando en esta conclusión, me quedaron grabadas. Conceptos que no veía de la forma en que los veo hoy. Para mí todo es bueno, positivo. Hasta las dificultades y oscuridades que se van presentando, porque hoy ya no las veo como fatalidades, sino como oportunidades ¿Y qué es la vida sino una oportunidad?   

Concluyo con algo que me viene resonando hace tiempo. Que para vivir desde el amor, hay que estar bien, alineado en mente, cuerpo y alma. Lo que siento, lo que digo, lo que hago. Que para dar y recibir hay que vibrar eso. Para que ese intercambio de energía sea sano, bueno y que eleve. 

Me quedo con lo último que hablamos Carlos, con la enseñanza del BG, de que hay que actuar, hay que hacer lo que hay que hacer, pero desde el desinterés bueno, desde el amor, sin esperar nada. Hoy me veo quizás, sin buscarlo directamente, pero con un poco de ayuda del universo, intentando transmitir un poco de lo que tengo adentro, de lo bueno que sé que puedo dar, con confianza de que es así. Y me quedo tranquila de que si es desde el amor, todo va a estar bien. 

Ya sabes lo agradecida que estoy. No esperaba transitar todo esto, pero que linda sorpresa me trajo la vida. Infinitas gracias.

Mariana

 
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