Homenaje

Homenaje

Llorarás con un ojo y con el otro te reirás 

El Indio Solari, un fenómeno irrepetible que ya forma parte de la historia de la cultura popular. 

Homenaje

No hace falta haber sido fan, no es necesario haber consumido toda su obra o haber seguido de cerca su carrera: cuando muere un ídolo popular, uno de esos que realmente dejaron huella, algo se conmueve dentro nuestro. 

A principios de junio, esto sucedió con Carlos “el Indio” Solari, uno de los artistas que con su obra marcaron a fuego el último medio siglo de nuestro país. 

A nadie sorprendió que en su despedida se hayan formado casi 8 kilómetros de fila, una procesión pacífica de gente quiso darle su último adiós. Ese fin de semana en Avellaneda quedará en la historia como uno de los adioses más convocantes que hayan vivido los argentinos, prueba cabal de que el Indio era el músico más convocante del país. 

Porque, si bien su legado musical podrá gustar más o menos según quién lo escuche, es innegable que nadie ha convocado jamás a semejante cantidad de gente. El casi medio millón de personas que se reunió en Tandil u Olavarría hace una década así lo demostró. 

Además, sobre el Indio descendía un halo de misterio, gracias a su “aislamiento” voluntario. Fue una política que lo acompañó desde el principio, ya que Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota alcanzaron la masividad sin ayuda de los medios o discográficas. Un fenómeno único e irrepetible. 

Apenas una conferencia de prensa (aquella de 1997 tras el show suspendido en Olavarría) y alguna que otra entrevista intermitente, nada más. Sin embargo, la cantidad de asistentes a los shows fue creciendo de forma exponencial desde aquellas presentaciones en lugares chicos hasta los conciertos en estadios de fútbol.

Pasó con ellos, con nadie más ¿Por qué? ¿Cómo? Muchas veces a los fenómenos no se los puede explicar en forma racional, sólo suceden. 

Voz y oído para toda una generación -en especial para aquellos jóvenes que en los ’90 sufrían las “bondades” de neoliberalismo- Los Redondos en general y el Indio en particular fueron una válvula de escape, un apoyo, un punto de referencia. 

Siempre suele decirse que, en la Argentina, la popularidad de una banda está confirmada cuando sus canciones llegan a las canchas de fútbol. Con Patricio Rey pasó algo particular: no fueron sus melodías, llamativamente, sino sus letras las que inundaron las populares. 

Así, pueden leerse en las banderas varias de sus frases, como “Mi genio amor”, “Mi único héroe en este lío” y “Ladrón de mi cerebro”. Para los hinchas, trascendieron las letras y no la música, otro aspecto único. 

Volviendo al aspecto ermitaño del Indio, circularon con los años todo tipo de versiones que nunca se esforzó en desmentir. Lo cierto es que su casa de Parque Leloir era su fortaleza, su lugar en el mundo. 

A cuentagotas se conocían imágenes de su intimidad, aunque varias de ellas recién se conocieron después del 5 de junio: en ellas se lo ve como un padre de familia, sentado en el living, en algún acto escolar de su hijo Bruno, en Valeria del Mar, su playa preferida. 

Tal vez no se trataba de un multimillonario malhumorado que deseaba vivir alejado de la sociedad, sino apenas de alguien que -a pesar de la masividad que había conseguido sin buscarla- debajo del escenario sólo quería vivir como un tipo común. 

Una de las historias relacionadas al Indio con sus fans -de gestos solidarios o acercamientos fuera de las cámaras- es la de Miguel Tabarez, vecino de Del Viso que vivió una tragedia inconmensurable en 2015. 

Enterado del hecho, Solari le escribió una carta cuyos algunos de sus pasajes servirán como cierre. Son sentencias que ayudan a superar las pérdidas: “Todos los que pasamos por esta vida en algún momento somos atravesados por circunstancias muy tristes y entiendo que te cueste comprender por qué estas soportando tamaño daño (…) Es el momento de echar mano al amor, al cariño genuino”. 

Y agregaba: “Todo lo feo que te ha ocurrido se transformará en momentos felices cuando te des cuenta que los podés conservar vivos en vos (…) Solo hay que tener paciencia y dejar que trabaje el tiempo y pueda hacer que la calma regrese a tu corazón”.

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Lic. Alejandro Lafourcade
revista 4Estaciones