No sos vos, soy yo

No sos vos, soy yo

¿Alguna vez te detuviste a pensar porqué te ofendés tan fácilmente por algo que hicieron otras personas? Si bien sabemos que las personas hacen cosas y entendemos que no deberíamos tomarlo de forma personal, muchas veces ocurre que nos ofendemos con las acciones de otros y no podemos dejar de sentir que nos están hiriendo. Ocurre, que son nuestras expectativas las que fueron defraudadas; son nuestras ideas acerca de cómo debieron ser las cosas, las que resultaron heridas.

Las expectativas que tenemos acerca de las personas y sus formas de vincularse o respondernos, están relacionadas con nuestras creencias. Las creencias que nos vamos formando a lo largo de la vida, van construyendo nuestro mundo y nuestra realidad, aportan valor; entonces, en coherencia con estas creencias generamos expectativas, en principio sobre nosotros mismos, pero también en relación con los demás y en “cómo” debería ser aquello que ocurre; y así, nos cerramos a la experiencia y aparecen las frustraciones.        

Esperar que los demás hagan las cosas como nosotros queremos es mínimamente egoísta. Cuanto más ego tengamos, nos vamos a ofender con más facilidad, porque el ego es inestable, es débil, al no poder encontrar la fuerza en su interior, la busca afuera en el reconocimiento y aceptación por parte de los demás.

Es verdad que todos tenemos la necesidad de sentirnos queridos y considerados, pero a veces planteamos exigencias muy poco realistas a los demás y les exigimos que actúen de tal manera que nosotros nos sintamos constantemente valorados.

Querer que los demás hagan siempre las cosas a nuestra manera, es plantear un imposible. Es importante considerar que cada uno de nosotros entiende y vive su vida de acuerdo con sus propias ideas y formas de ser. 

Es cierto que las acciones de otras personas pueden herirnos, y lo mejor que podemos hacer es en primer lugar aceptar nuestro sentir, afrontar el dolor, mantener la serenidad y sin culpabilizar a la otra persona podemos comunicarle como nos sentimos y que necesitamos; no obstante, esto no nos asegura que la otra persona reflexione sobre lo ocurrido y comparta nuestro punto de vista, sin embargo, abre la posibilidad de que ello ocurra, y quizás de eso se trata… de aumentar posibilidades, de facilitar encuentros.

Recuerda “El poder que tiene una ofensa para dañarte es porque tú se lo has dado”

Ana De Innocentiis
Consultora psicológica