El despertar del gigante

El despertar del gigante

Argentina se consagró en la Copa América Brasil 2021, rompiendo una racha de 28 años sin títulos. Messi cumplió su sueño de ganar con la Selección

Esa última imagen, la del pitazo final, quedará en las retinas para siempre y ya forma parte de la historia del fútbol argentino: Lionel Messi, de rodillas en el césped del Maracaná, es buscado de inmediato por todos sus compañeros, fundiéndose en un abrazo con su capitán.

Es desahogo, es alegría, es euforia, es emoción. Argentina, sí, Argentina, salió campeón de un torneo de mayores después de 28 años, una sequía inédita para un recorrido que fue tan rico a lo largo del siglo XX.

En aquel lejano 1993, Internet no estaba ni siquiera en la imaginación (salvo en un puñado de computadoras estadounidenses), “Grande, pá” rompía el rating, un peso era igual a un dólar… Ni siquiera le habían “cortado las piernas” a Maradona, algo que pasaría recién al año siguiente. Todo ese tiempo pasó desde el último grito grande, en aquella Copa América de Ecuador. Nadie imaginó ese día que pasarían casi tres décadas para la siguiente vuelta olímpica.

Lo primero que hay que aclarar y afirmar es que el título es merecido y logrado en muy buena ley. El de la Copa América Brasil 2021 no es un equipo que será recordado por su brillo, pero sí por su entrega e inteligencia a la hora de la verdad.

Varios factores convierten a la victoria en aún más valiosa, además de la mala racha interrumpida: un técnico sin pergaminos en el banco, una pandemia que obligó a mudar el torneo a otras tierras, dudas en la previa por el rendimiento que se había mostrado en eliminatorias, varios jugadores poco conocidos por el gran público, una de las últimas chances de la “vieja guardia” … Todo eso y más le dieron un aura especial a lo conseguido. 

Unidos

Mucho se ha escrito y hablado sobre Messi y las finales, ese karma que aparecía una y otra vez en los momentos decisivos. Sin embargo, no hay que dejar de lado que, hasta el momento, sus compañeros ocasionales no habían salido a su rescate en las finales anteriores.

En México ’86, cuando Maradona estaba rodeado surgían Burruchaga, Valdano, Enrique, Olarticoechea… En Italia ’90 se lucieron Caniggia y Goyco. Por eso, si algo cambió en Brasil fue la aparición, al fin, de laderos que aporten lo suyo cuando el capitán tiene un partido terrenal.

Así se destacaron De Paul (de partido consagratorio en la final), Emiliano Martínez, Cuti Romero, Guido Rodríguez y más. Un equipo utilitario, con pocas megaestrellas, pero que supo exactamente qué hacer, lo que no es poco.

Sumado a la -al fin- aparición estelar de Ángel Di María durante todo un torneo completo, algo que se esperaba desde hace años, empezando por él mismo.

Como líder de un grupo compacto dentro y fuera de la cancha, que ahora está aún más fortalecido, Lio recuperó la sonrisa. Sus compañeros lo ayudaron a transportar la mochila durante el torneo, pero sobre todo a quitársela de una vez por todas y gozar con un final feliz.

En la columna del debe (siempre la hay) queda la sensación de que, en algunos momentos de la Copa, Argentina pudo haber sido un equipo más audaz, sin la necesidad de replegarse peligrosamente luego de haberse puesto en ventaja. Sin dudas, hay material como para ser un poco más generosos y apostar al ataque por más tiempo.

Pero esa será otra historia… Es momento de respirar aliviados ya sin ese peso en la espalda. Cuánta grandeza tendrá la Selección, que dando 28 años de ventaja sigue siendo el equipo más campeón en América. Ahora, por si fuera poco, le sumó su propio Maracanazo.

Aún resta clasificarse a Qatar y, como siempre, volver a ilusionarse. Mientras tanto, a disfrutar y gritar bien fuerte ¡Argentina campeón!

Lic. Alejandro Lafourcade
revista 4Estaciones