Don José de San Martín y sus Granaderos

“… Desde el lugar en que falleciere se me conducirá directamente al Cementerio sin ningún acompañamiento, pero sí desearía, el que mi Corazón fuese depositado en el de Buenos Aires»

Esta frase es la cuarta cláusula que figura en el testamento del general don José de San Martín. Dicen que es una de las que incluyó cuando testó por tercera y última vez en la ciudad de París a fines de enero de 1844.

Deseo que recién se pudo concretar el 28 de mayo de 1880.

En la fecha del deceso, el país estaba muy convulsionado con guerras internas. Su yerno Mariano Balcarce miembro de la Legación Argentina en Francia se encargó de comunicar la triste noticia pero la misma pasó desapercibida y no se decretaron  los homenajes esperados.

En  julio de 1862 el presidente Bartolomé Mitre inaugura la famosa estatua ecuestre en la plaza que hoy lleva su nombre. El lugar elegido fue el predio denominado “Campo de Marte” donde en 1812 el general había organizado el ejército de los Granaderos a Caballo. 

Durante el gobierno de Nicolás Avellaneda se realizó una convocatoria al pueblo para recaudar fondos para traer los restos del general y hacer un mausoleo digno de su prestigio, donde depositarlos.

En 1880 al comenzar el último año de su mandato el doctor Avellaneda pudo terminar los arreglos necesarios con don Mariano Balcarce para realizar el traslado de los restos. Para ello decidió enviar al transporte de guerra Villarino, que terminaba de ser construido en los astilleros ingleses, al puerto de El Havre en Francia.

El 22 de abril el buque a vapor inició el regreso después de una solemne ceremonia. Un mes más tarde fueron venerados por el pueblo uruguayo en Montevideo y el día 28 llegó al muelle de Las Catalinas donde lo recibieron autoridades, representantes de distintos regimientos y el pueblo. Después del discurso del expresidente Domingo F. Sarmiento, la carroza fúnebre conducida por Granaderos a Caballo se dirigió a la Plaza San Martín. Frente al monumento ecuestre que lo representa, el presidente de la Nación y el embajador del Perú pronunciaron, en su honor, significativos discursos.

Desde allí en solemne cortejo fue conducido a la Catedral Metropolitana, siempre acompañado por una gran multitud. 

Fue ubicado en la nave principal donde estuvo hasta el día siguiente en que se lo trasladó al mausoleo. 

Durante la noche estuvo custodiado por 7 Granaderos.

Ellos representaban a los 78 Granaderos que después de 10 años de lucha fuera del país, regresaron a Buenos Aires en febrero de 1826. De ellos sólo 7 habían combatido en San Lorenzo. 

Lamentablemente el regimiento fue disuelto a poco de su arribo. 

Para el homenaje el ejército eligió soldados para vestir ese uniforme. 

En 1903 el presidente Julio A. Roca firmó el decreto que determinó la recreación del Regimiento de Granaderos a Caballo, usando como uniforme el histórico que diseñara el Gral. San Martin. 

Cuatro años más tarde el presidente Figueroa Alcorta los designa Escolta Presidencial. Este debe ser para el general San Martín el mejor homenaje.

Algunos periódicos de la época calcularon una concurrencia de más de 30000 personas y otros que la cifra llegaba a los 100.000 ciudadanos.

No hay ningún documento que garantice que los granaderos que lo acompañaron durante el regreso fuesen algunos de los que llegaron hacía  54 años pero si se sabe que los  elegidos para la ocasión fueron ascendidos por ese acto.

La abuela Martha