María Magdalena Güemes (Macacha)

María Magdalena Güemes (Macacha)

“Mamita del pobrerío,  palomita mensajera, que entre el gauchaje lucía lo mismo que una bandera. Macacha Güemes, muchacha, fibra de miel y azucena, tus ojos negros mojaron de amor, la noche salteña”

Jaime Dávalos 29/01/1921—03/12/1981 

Escribir sobre esta mujer es un honor del que no me quería privar. Su historia es tan importante y está tan ligada a nuestra independencia que entristece, lo poco que se sabe de ella. 

Sólo en Salta, su provincia natal, se la recuerda, homenajea y se le brinda un lugar preponderante. 

El 22 de marzo de 2016  al cumplirse el bicentenario del “Pacto de los Cerrillos” entre los generales Güemes y  Rondeau, la gobernación de la provincia del norte declaró a Macacha “La Primera Mediadora de Salta”. Fue en reconocimiento a la habilidad con que supo mediar en la disputa de poder entre ambos patriotas. Hecho fundamental, que allanó el camino para realizar en Tucumán el Congreso que declaró la Independencia.

María Magdalena Dámasa Güemes nació el 11 de diciembre de 1787. Fue la primera hija mujer de la familia formada por el hacendado y funcionario español don Gabriel de Güemes Montero y doña Magdalena Goyechea, descendiente de conquistadores españoles. Sucedía a Martín Miguel y era la sexta de los 8 hijos que tuvo el matrimonio.        

Aprendió a leer a los cinco años, siendo don Gabriel el encargado de enseñarle. Al mismo tiempo, su madre, le brindó la educación propia de las niñas de la época, que incluía aparte de las labores domésticas, buenas costumbres, modales y el estudio del piano aunque ella también quiso aprender a tocar la flauta.

La llamaban Macacha y lo que más amaba era recorrer los campos de la familia montada a caballo junto a su hermano Martín. Con él, compartió los juegos de la infancia y desde siempre fueron muy unidos. Conocían los cerros, bosques y las montañas de la zona a la par de cualquiera de los gauchos del lugar. Ambos se destacaban por el buen trato que les dispensaban a las familias y peones de sus estancias. 

Esta actitud hizo que años más tarde muchos de ellos integraran el ejército que formó Martín Güemes al que denominaban “Los Infernales”.

Habían pasado 3 años del comienzo del siglo XIX cuando la joven, próxima a cumplir los 16 años, contrajo matrimonio con el capitán del Regimiento de Patricios, Román Tejada, hijo de una de las familias más tradicionales y antiguas de Salta y amigo de sus hermanos. Años más tarde tuvieron una hija a la que llamaron Eulogía. 

Su primera participación pública fue en defensa de su esposo que por un problema con un compañero del ejército había sido desterrado a Famatina en la provincia de La Rioja. Fueron tan convincentes los argumentos con los que enfrentó a los superiores de Román que logró el cese de la condena y su pronto retorno a Salta. Comenzaba a demostrar su gran habilidad política.            —> pág. 16

Cuando llegaron las noticias de la Revolución de Mayo junto a su esposo y hermano se pusieron a favor de la causa patriótica.

Martín comenzó a armar un ejército para apoyar a las futuras expediciones que llegarían al Norte para afianzar la libertad recién lograda. 

Ella, demostrando su poder de organización, rápidamente transformó algunas habitaciones de su casa en talleres de costura para confeccionar los uniformes de los futuros soldados del Escuadrón Salteño. Consiguió la adhesión y entusiasmo de varias de sus primas, amigas, criadas y empleadas de la hacienda para lograr su cometido. 

Más adelante muchas de ellas se involucrarían en las futuras tareas de espionaje con las que ayudarían a los patriotas cada vez que los realistas se apoderaban de Salta o de Jujuy.

Supo sacar ventaja de su posición e inteligencia poniéndose al servicio de su hermano en todo lo que necesitase. Cuentan que el general le tenía una gran confianza y que en el período que fue gobernador la llamaban “La Ministra sin Cartera”. En varias oportunidades lo tuvo que reemplazar pues debía salir a combatir al frente de sus gauchos los ataques de los ejércitos españoles que no se daban por vencidos. 

También lo ayudó a desarmar varias operaciones contra el gobierno provincial, organizadas por el partido opositor Patria Nueva. Los integrantes del mismo no toleraban un gobierno gauchesco que fuese tan solidario con los más necesitados. Es por ello que deciden fundar con su esposo, José Ignacio de Gorriti, quien había sido el diputado de la provincia en el Congreso de Tucumán, el partido Patria Vieja que sería el sostén del gobierno hasta junio de 1821. A causa de una herida de bala y después de varios días de agonía muere el 17 de ese mes el General Güemes. 

Unos meses más tarde es detenida junto a su madre, esposo y otros “güemistas”. 

La reacción del pueblo no se hace esperar y salen a la calle a defenderla/os. 

Se produce un hecho inusitado que recibió el título de “La Revolución de las Mujeres”, fue tan importante la sublevación que fueron liberada/os, depusieron al gobernador que había asumido hacía unos meses y asumió el mando José Gorriti. 

Más adelante se adhirió al Partido Federal y empezó a militar contra los unitarios. Siempre siguió involucrada en la defensa de los más necesitados.

Varios historiadores han escrito: “Desde 1810 hasta 1824 su casa -además de taller de costura- se convertiría en refugio de jefes, oficiales, soldados y en centro de propaganda de ideales revolucionarios”. 

Falleció el 7 de junio de 1866 en la ciudad de Salta, ya retirada de la actividad pública.

Es otra de las mujeres de nuestra historia que no se apegó a las normas establecidas. Tan solidaria y generosa con los carenciados que fue reconocida con el nombre de “Madre del Pobrerío”.

La ciudad de Buenos Aires la recuerda en el barrio de Puerto Madero con el Boulevar: Macacha Güemes. 

La abuela Martha 

marthaconhache@gmail.com